29 de enero de 2009

DES-ESPERANZA

Más allá de toda falsedad, de todo prejuicio, existe realmente un cierto temor al tratar de relacionarme con aquellos que hacen la vida tan banal, tan ociosa y sociable. Aunque no puedo determinar realmente cual será la causa de este exabrupto, creo haber podido llegar a aclarar, divisar en medio de toda esta neblina de inseguridades y desconfianzas, el posible carozo del asunto.
Ustedes no son los únicos que abusan del conjunto de mecanismos en los cuales una persona es o se hace, la que no entiende, la completamente ingenua y estúpida. La que piensa que todo está bien, que hay que tener calma y esperanza. Cuanto hace ya que se desvaneció esa dama caprichosa llamada esperanza, se escondió en el hueco más recóndito y lejano de no sé dónde. O será que, simplemente no creo en ella. Cosa que, a mi parecer, no me hace falso ni mucho menos, simplemente cuidadoso y frio. Y no es esta mi intención, sino mi esencia.

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