Nos hemos convertido en caníbales, todos nosotros. En caníbales demasiado sensibles y buenas personas. Ya no nos alcanza con devorar a una persona, ya directamente la deglutimos casi sin masticarla. Pero después de todo cual es el sentido de vivir así… como viven ellos. Exponiendo las sensaciones y cotidianidades de sus vidas, esas dimensionales suntuosidades que los hace jactarse de únicos u originales. ¿Qué hay de original en aprobar lo que los demás aprueban; lo que va en contra de lo que los otros aprueban? ¿Y de ser y verse y pensar lo que ellos piensan?¿ Y de sentir lo que para ellos es normal sentir, enmascarando almas, rellenando baches. ¿Y de oír los sonidos que ellos oyen? Coleccionar anécdotas, situaciones, emociones, gente… como si fueran figuritas.
Googlear cosas abstractas. Cosas que nadie puede definitivamente y con certeza decir que son, describirlas. Pero que sin embargo se siguen preguntado por ellas. Se siguen comiendo la cabeza para averiguar que son, aunque este fuera de nuestro alcance. 3.2 millones de años preguntándonos que somos… que son estos casilleros en los que estamos atrapados, que es toda esta farsa. ¿Que se supone que debemos hacer aquí? Ya creamos seres inferiores, seres superiores. Seres superiores que aun hoy la gente cree que llegaron antes que nosotros. Somos tan patéticamente ingenuos, tan patéticamente insignificantes. Tan intrascendente es nuestro tiempo vital, que hay 6.500 millones más de nosotros. Sinceramente es la primera vez que lo pienso. Como yo en mis 19 años, como muchos en sus casi 100 años, como otros en apenas un par de años no he aprendido nada. Aun todos dependen de la manada que los rodea, dependen de ellos, los de la “escuela del conformismo”. Ah! Es cierto, también estas esos absurdos revolucionarios contemporáneos. Esos anticapitalistas. Esos neoliberales. Esos capitalistas. Esos socialistas. Esos fascistas. Esos pacifistas. Esos idealistas. Todos ellos sí, me había olvidado. Tan intrascendentes dentro de esos 6.500 millones.
Nadie aun comprende, lo que la experiencia me enseño. Lo que humildemente aprendí de ella. Nadie siquiera se detiene a pensar, a recordar que somos animales. Que hacemos un gran problema de nuestra cabeza, de nuestro corazón. Eso es lo que somos animales. La única diferencia es que nosotros fabricamos nuestra propia jungla, ¿no es más fácil aun de jugar? Pero nadie se detiene a considerarlo. Que es el mal, el mal no existe, el bien no existe… esa es la mas mítica dualidad de todas las que creamos. La más ridícula inclusive. No en todos los juegos gana el que tiene más fichas, no en todos los juegos gana el que quita mas fichas, no en todos los juegos gana el que deja en jaque al rival. No en todos los juegos hay ganadores. Tampoco necesariamente el que sufre más aprende mas, tampoco el que no sufre es blando. No hay duros, no hay blandos. No hay vivos, no hay tontos, no hay mentirosos ni indecisos. Solo hay vida y todos debemos aprovecharla, como hemos aprendido o peor aun como nos han enseñado. La vida era tiempo, lamentablemente hoy el tiempo es dinero.
Ese tiempo tan intangible tan distante, tan inmaculado e inalcanzable. Cíclico y efímero es el tiempo. Y nosotros lo hemos dividido en días, en horas, en minutos, en segundos… para tomar conciencia de lo que es. Para saber que se va, y que no vuelve. Y nosotros mientras vivimos en nuestras banalidades, en nuestros libros, en nuestros amigos. Vivimos en nuestros corazones o en nuestras mentes. Y mientras el tiempo se burla de nosotros.
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1 comentario:
me gusta tu blog...
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